sábado, 16 de febrero de 2019

Hasta siempre HERMANO!

Sábado, 16 de febrero de 2019. Hoy me han comunicado una desagradable noticia. La peor noticia que puede recibir un ser humano respecto de otro. Nunca imaginé que escribiría algo así en un blog sobre motos, pero como reza en la descripción del mismo, se trata de un blog motero, pero que también contiene gran parte de reflexiones de carácter personal, sobre temas que no tienen que ver necesariamente con ellas. Además, uno nunca puede saber lo que va a pasar, ni sobre lo que va a escribir al recibir este tipo de noticias.

Nunca tuvimos una relación especialmente fluida, es más, en ciertos momentos fue tensa y variable, pero eso no quita que tuviéramos la misma sangre, y que, en el fondo, el sentimiento de unión y pertenencia fuera vivo, a pesar de la distancia física de los últimos años. Los pocos momentos en los que era ÉL, los viví y los disfruté intensamente. Yo era el pequeño, el inexperto, el que debía aprender de ÉL. Lo admiraba, quería ser como ÉL, pero yo no podía, ni sabía. Su camino se torció por culpa de "el problema" y yo fui por el de la moderación y la sencillez, refugiándome en mi, y en la capacidad de intentar ser autosuficiente y resistente a los golpes de la vida. Conforme pasaban los años se entremezclaban los sentimientos de rabia, amor, odio y tristeza infinita, pero hay cosas que uno no puede cambiar. Una vez más, se suele aprende más de los errores, pero cuando los has cometido, y solo tenemos una vida. Por ello, lamento profundamente no haber sido capaz de disfrutar más de esos momentos, y que estos fueran más frecuentes...

Vaya desde aquí este pequeño homenaje para ti, HERMANO, allá donde estés, que sepas que siempre te tuve dentro de mi, a pesar de las diferencias, más propias de "el problema", que del carácter.

Hasta siempre HERMANO, y que encuentres la paz que no tuviste aquí...












domingo, 10 de febrero de 2019

Sucedió en la Peña Roja

Sábado, 19 de enero de 2019. "Sucedió en la Peña Roja". Aunque no ha sido hasta hoy (10 de febrero) cuando la he publicado, en la citada fecha hice otra subperipecia rural en la que me acerqué con la scooter Typhoon 125 a la Peña Roja, cerca de Abanilla (Murcia, España), un cerro peculiar coronado por una formación rocosa de color rojizo de 332 m.s.n.m. En determinada posición, me recuerda vagamente al "Cerro de La Tinaja" de Pétrola (Albacete). Es un cerro que he visto muchas veces desde la carretera, pero como casi siempre, la alineación planetaria no ha sido completa hasta hoy, cuando he decidido dedicarle el tiempo que merece y subir a su cima.

Ha sido un gran descubrimiento. Mucho más grande e impresionante de lo que parece, con unas oquedades en la roca que impresionan debidas a la erosión del viento y agua. Desde su cima, se ven las cercanas sierras de Abanilla y el pico de El Agudo.

Es un cerro irregular, con una pendiente levemente ascendente en sentido este-oeste. Su cara sur es menos vistosa, y una casi oculta ladera norte donde se acumula la mayor parte de vegetación y las erosiones son mayores. El punto más abrupto y de mayor caída es la cara oeste, donde se aprecia el característico macizo rocoso que me recuerda al cerro manchego.

Me acerqué con la Typhoon por las carreteras terciarias de rigor y paré la moto en el inexistente y salvaje arcén. En un principio, intenté subir a pie por el lado más suave, pero la distancia resultó ser mucho mayor de la esperada. Finalmente, di un rodeo y paré por la cara norte. Lo intenté de nuevo por el lado más pronunciado pero más corto. Una vez más, engaña la perspectiva y la subida era mucho más dura de lo previsto, lo que junto con una tupida vegetación, motivó que finalmente terminara subiendo, pero en zig-zag, como los cuadrúpedos. Cerca del punto más alto, se aprecian unas cuevas y erosiones muy vistosas a lo largo de todo el borde alto del cerro. Una vez en su cima, el campo de visión es inmenso. Lo recorrí por el borde rocoso, llamándome la atención un pequeño caldero horadado en la piedra con multitud de pequeñas conchas de caracoles. La sensación de paz, quietud y serenidad era espectacular, solo deslucida por la deprimente visión de la cercana fábrica de cemento.

En definitiva, me ha gustado y sorprendido mucho más de lo que esperaba. Me hubiera gustado, además de recorrer su cima, hacer otro recorrido a pie alrededor del mismo para apreciar toda su dimensión y variedad, pero como me digo siempre, es una excelente excusa para regresar y verlo con más detenimiento. Como anécdota, destacar que ha sido la última subperipecia con mis viejas botas multipropósito desde 2011, y su destrozada suela. Aún así, aguantaron la subida y la bajada...


La Typhoon parada frente a la "Peña Roja" por su
cara norte.


Un primer plano del punto más abrupto, la cara oeste,
donde se alcanzan los 331 m.s.n.m.


El pico de "El Agudo" de 771 m.s.n.m. se aprecia
claramente en la distancia.


La Sierra de Abanilla, con el pico "Zulum" de 
632 m.s.n.m. es otro accidente geográfico cercano.


Ahí estaba la Typhoon, casi invisible, pero presente
en la carretera de la cara norte.


Las oquedades presentes en la roca en su cara norte
son impresionantes. El viento y agua hicieron su trabajo.


Según ascendía, la forma y dimensión de las cuevas
era cada vez más variable.


Formas diversas, tamaños variables, un espectáculo
para los sentidos, especialmente la vista.


Esta es la cresta rocosa en sentido ascendente
este-oeste. Parece pequeña, pero no lo es.


Este pequeño caldero horadado en la roca y lleno
de conchas de caracoles me llamó la atención.


El punto final y más alto de la "Peña Roja". Al
fondo, la caída es abrupta y casi vertical.


Desde este cortado se aprecia la vega frente a la
sierra de Abanilla, y más al fondo, los primeros
montes de la Sierra de La Pila.


La Typhoon frente a la cara más vistosa, abrupta y
rocosa de la "Peña Roja".











martes, 22 de enero de 2019

Murieron las botas con ellas puestas

Martes, 22 de enero de 2019. Parodiando el título de la famosa película de Raoul Walsh de 1941, protagonizada por Errol Flynn y Olivia de Havilland, he decidido dedicarle un artículo a mis botas, las que he estado usando desde que comencé en esta segunda etapa motera. Voy a obviar la marca y modelo de las mismas para no hacerles publicidad gratuita. Baste decir que son de una marca conocida, que las compré por su robustez y faceta polivalente y multipropósito, en vez de las más demandadas botas específicas para moto, que cuando te bajas de ella son más bien un estorbo.

Estas botas me han acompañado desde los primeros meses de 2011 con un uso constante durante todo el año, salvo los meses de verano en que usaba unas de menor caña y más ligeras. La muerte de las mismas ha sobrevenido de una manera bastante repentina, por la suela. Literalmente se deshace a trozos y se ha despegado del cuerpo de la bota. El resto de la misma, apostaría a que podría aguantar otros ocho años de uso más sin problemas, pero la suela es evidente que no está a la altura de la calidad de la bota. 

Destacar que las he estado usando con la suela en estas condiciones, algo que no es en absoluto recomendable, unos dos meses, intentando pegarlas con adhesivo o con pegamento específico de calzado pero sin resultados positivos. Hace unas semanas decidí llevarlas al zapatero para ver si tenían arreglo, pero al verlas en ese estado, me comentó que la única solución sería pedir una suela de repuesto al fabricante, despegar y retirar los restos de la suela vieja y pegar las nuevas. El problema es que es muy difícil, por no decir imposible, encontrar repuestos compatibles de la suela de estas botas. Además, el coste de la misma y su reparación supondría un desembolso que, por un poco más, te compras unas botas nuevas.

Realmente, me da pena enterrar estas botas, aunque tengan la suela destrozada. Insisto que el resto del cuerpo de la bota podría durar bastantes años más, pero la debilidad de la suela ha sido lo que las ha condenado. Aún así, estamos hablando de casi ocho años de uso motero, campero y senderista. Finalmente, las he sustituido por otras botas de la misma marca, aunque no exactamente el mismo modelo, pero sí uno muy similar. No obstante, seguiré intentando buscar alguna suela compatible por si fuera posible repararlas. "Murieron las botas con ellas puestas".

PD. Tras dos consultas a talleres de zapatería, me comentan que el problema de estas botas es que la suela es de muy baja calidad y que la rellenan con poliuretano. Conclusión, es de una calidad ínfima en relación a la bota. El coste de reparación casi alcanza el precio de las que me he comprado, además de que tardaría varias semanas en consultar suelas compatibles para adaptarlas. No merece la pena el arreglo: a la basura. 


Vista lateral izquierda de la bota izquierda. La que
tiene la suela más dañada y despegada.


Parte derecha de la bota izquierda. La suela está
dañada, aunque permanece pegada en este lado.


Vista lateral izquierda de la bota derecha. En esta
cara interna la suela está en mejor estado, al igual
que su hermana del otro lado.


Al igual que en la bota izquierda, en la cara externa
de la bota derecha la suela está destrozada y despegada.


Vista en detalle de la zona más dañada de la suela 
de la bota derecha.


El lateral exterior de la bota izquierda es el que 
presenta la suela en peor estado.


Vista frontal de las botas viejas. El cuerpo de las
mismas podría aguantar años más de uso.


Vista trasera de las mismas botas. El mismo 
comentario valdría para esta perspectiva.


Estas son el recambio. Misma marca, aunque un
modelo algo inferior, pero más económico.


Parte trasera de las nuevas botas. Son cómodas,
ligeras y sujetan muy bien el tobillo.


Lateral de las nuevas botas. El cuerpo es algo más
sencillo que las viejas, aunque de muy buen tacto.












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