lunes, 3 de julio de 2017

Donde a las gotas les llamaban lágrimas

Domingo, 02 de julio de 2017. "Donde a las gotas les llamaban lágrimas". Un nuevo ascenso a la Sierra de Salinas donde se encuentra, entre otros parajes interesantes, la cueva del Lagrimal, llamada así porque de su techo brotan gotas, producto de filtraciones de agua, a las que llaman lágrimas.

Hacía más de año y medio que no venía por esta sierra. En aquella ocasión fue con la TX 125 S y en otoño. En esta nueva peripecia rural, he venido con mejor tiempo y con mejor moto y eso se nota. Llegar llegas igual, pero el cómo también importa.

He encontrado la carretera de ascenso en algo peor estado que entonces. A las retorcidas curvas y abundantes baches hay que añadir algunos desprendimientos y grava. Todo un aliciente para un motorista rural.

Antes de mi destino principal que, era la cueva del lagrimal, me he parado en el mirador de Yecla, una terraza natural desde la que se tienen unas impresionantes vistas del oeste de la Sierra de Salinas y de la población de Yecla, conocida en el mundo motero por ser la sede de la fábrica española de cascos "NZI".

A la cueva del Lagrimal se llega por un sendero que parte de la carretera que atraviesa la Sierra de Salinas de algo menos de 1 km muy bien señalizado y en bastante buen estado. Comparada con la escondida y de difícil acceso cueva de la Excomunión, esto parece un paseo dominguero de picnic.

Una vez examinada la cueva, tengo que decir que el "arquitecto", por llamarlo así, que diseñó la cueva, estudió en el mismo centro que el que proyectó la cueva de la Excomunión, porque su similitud es asombrosa. El acceso y la parte exterior de forma triangular, una gran entrada que se va estrechando, el techo lleno de hollín producto de hogueras se a saber cuanto tiempo.... Me han parecido muy similares, aunque esta, efectivamente, tiene las gotas que caen de su techo como característica, de ahí su nombre. También es más grande y con el interior más plano que el refugio de Jaime El Barbudo.

Ya por último, paré en la Colonia de Salinas, un conjunto de casas de trabajadores de la sierra casi al final de la carretera que la atraviesa.


La CRF a mitad del ascenso a la sierra de Salinas.
Al fondo, la sierra del Serral.


Una panorámica de las vistas hacia el oeste desde
el mirador de Yecla.


Al fondo, en la lejanía, la sierra de El Carche.


La CRF frente a la entrada del sendero que conduce
a la cueva del Lagrimal.


La entrada a la cueva del Lagrimal, semioculta por
un arbusto en uno de sus extremos.


Este es el interior de la cueva. Muy similar en su
forma y estructura a la de la Excomunión, aunque
más amplia y con su interior en mejor estado.


El fondo de la cueva. Se aprecia una oquedad
bastante "acogedora".


La entrada, vista desde dentro. Al fondo, vistas
hacia el oeste de los parajes cercanos. 


La última parada, frente a un centenario pino
señalizado, en la Colonia de Salinas.










domingo, 11 de junio de 2017

Donde bebían agua, comían higos y plantaban vides

Domingo, 11 de junio de 2017. Bajo esta rimbombante descripción, el tema de hoy ha sido un nuevo acercamiento a las ruinas de una gran finca situada en la cara norte de la Sierra de El Carche. En noviembre de 2015 descubrí este paraje, casi de casualidad, mientras me encaminaba a la cercana sierra de Salinas. En julio del año pasado me acerqué a estos parajes por última vez. En aquella ocasión, bauticé a estos restos como "la casa del pozo y la higuera", por ser estos dos elementos los que más me llamaron la atención: un pequeño edificio apartado que alberga un pozo en su interior, así como una gigantesca y frondosa higuera en sus inmediaciones. 

No obstante, hay que tener presente que en los alrededores se encuentran unas de las tierras más productivas de uva de la comarca, por lo que imagino que esta finca estaría encargada de las labores agrícolas relativas a la recolección de la uva para su procesado en forma de vino.

La carreterucha que recorre estos parajes, y pasa por esta finca, es de esas que invitan al rodar tranquilo, contemplativo, a disfrutar de cada kilómetro sin prisas y a ser consciente de que aquí, el tiempo pasa más despacio...

En esta ocasión, he aprovechado también para ver las ruinas cercanas de un gran transformador de corriente que, supongo, serviría para dar suministro eléctrico a la gran finca. Ahora todo son ruinas, todo son piedras, todo son escombros... Era otro tiempo, un tiempo en el que la gente vivía del y para el campo, en el campo.


La primera parada en ruta, junto a uno de mis
árboles amigos. Al fondo, la sierra de Salinas.


Frente a las ruinas de la gran edificación
abandonada.


Estas son las ruinas donde se encuentra el
pozo principal: donde bebían.


Interior del gran pozo-aljibe. Da miedo solo mirar.


La CRF a través del ventanuco del edificio
del pozo.


Vista parcial de los restos más elevados de lo
que queda de la edificación.


Perspectiva de todas las edificaciones de la
finca desde su extremo sur.


La frondosa y enorme higuera: donde
comían higos.


Esto es lo que tenía por delante. Al fondo, las
ruinas del transformador de corriente.


Las ruinas de los dos edificios donde, con
probabilidad, se encontraban los transformadores.


Una de las plantaciones de vides: donde las
plantaban y cosechaban.


A partir de aquí hay una enorme recta de gran
visibilidad que evoca parajes lejanos.





sábado, 27 de mayo de 2017

Donde el fuego devoró el monte

Sábado, 27 de mayo de 2017. "Donde el fuego devoró el monte..." En esta peripecia rural, he recorrido con la CRF estos montes que rodean el puerto de Benifallim, donde en 2014 ya realicé un primer recorrido por esta zona. En el verano de 2012, un pavoroso incendio, debido al infortunio de un coche averiado, se desató sin control, extendiéndose rápidamente y devastando gran parte de la vegetación y arbolado de estos parajes. Dos personas fallecieron, intentando controlar las llamas y dos más resultaron heridas. Vaya, desde aquí, este pequeño homenaje a los mismos y a todos quienes intervinieron para que no fuera a más.

Todavía hoy, casi cinco años después, se aprecian las consecuencias del mismo, restos calcinados, esqueletos vegetales de lo que en otros tiempos fueron frondosos árboles y arbustos... La naturaleza se esfuerza por recuperarse y por reconstruir sus cicatrices, pero se necesitarán muchos años más para que, lo que se quemó en un par de días, vuelva a su estado original antes del incendio.

Esta perdida carretera, sin nombre, atraviesa gran parte de los montes que fueron testigos de la tragedia que, por otra parte, forman unos parajes de impresionante belleza. Es de esos lugares, en los que aunque no sepas muy bien por dónde vas, le encuentras el sentido y te gusta ir a ningún sitio para llegar a alguna parte, o más resumido, donde lo importante no es el destino, sino el camino.


La CRF en una zona de preciosas vistas de los
valles que rodean las montañas de Benifallim.


Mires en el ángulo que mires, la naturaleza se
esfuerza por recuperarse del incendio.


En las zonas altas se aprecian mejor los daños del
incendio. Un aviso de donde no hay que dirigirse
en caso de verse envuelto en alguno.


Mirando hacia el oeste, hacia las montañas del
cerro Aitana.


Una pequeña higuera salvaje. A juzgar por su aspecto,
no le va nada mal. Uno de mis árboles favoritos.


Placa homenaje a los dos trabajadores que fallecieron
en su lucha contra el incendio.


Las construcciones rurales abandonadas siempre
despiertan mi imaginación. ¿Quién? ¿Cuándo?


Este tipo de carreteras, por llamarlo de alguna forma,
son las ideales para la CRF, y antes, para la TX.


Hoy estrenaba nueva cazadora de verano. Todavía
no hace demasiado calor, pero se va notando.









Me gusta