sábado, 13 de abril de 2019

Sucedió en el Castillo del Río

Sábado, 13 de abril de 2019. El pasado 1 de septiembre de 2018, cuando aún tenía la Rieju Bye Bike, me acerqué a este enigmático enclave situado al norte del Pantano de Elche. En aquella ocasión hice un bonito reportaje fotográfico, aunque no grabé vídeo. Finalmente, decidí no hacer una subperipecia rural de esa salida por la relativa similitud de la ruta con "Sucedió bajo dos puentes", y también en parte, porque estaba acumulando muchas subperipecias seguidas en muy poco tiempo. Ciertamente, el sitio se merece con creces dedicarle una entrada en el Diario, y esa oportunidad ha llegado hoy, aunque la Bye Bike ya no esté. La Typhoon se encargará de ello. Con la CRF tengo prevista otra gran peripecia rural en las próximas semanas a otro sitio muy emblemático para mi, que hace mucho tiempo que no voy, y varias decenas de años que no subo...

El Castillo del Río es una antigua fortificación almorávide situada sobre el monte Tabayá dominando el río Vinalopó. Data del siglo XII y está situado en las cercanías de la población alicantina de Aspe. En su origen estaba formado por 12 torreones, aunque en la actualidad se encuentra en un estado casi ruinoso. Aunque se llame castillo, realmente no tiene la estructura clásica de los castillos, ya que carece de torre del homenaje. Era más bien un recinto amurallado defensivo con doce torreones a lo largo de su perímetro. Tuvo una cierta importancia en la Reconquista Española como recinto defensivo entre los años 1.100 y 1.200 aproximadamente. Tiene ciertas partes reconstruidas con materiales modernos, pero aún así, actualmente es un vago vestigio de lo que debió ser en su tiempo.

El acceso al mismo desde la carretera se hace a través de un empinado camino pedregoso que pone a prueba el equilibrio dinámico sobre la moto. En su momento la subí con la Bye Bike, y ahora, con la Typhoon. En esta ocasión, juraría que han arreglado algo el camino porque me ha parecido menos malo de lo que en su momento me supuso al subirlo con la Bye Bike. Aún así, durante la subida he notado unos golpeteos por la parte delantera de la moto, posiblemente producidos por los continuos topes de la horquilla dado su corto recorrido de 86 mm y su tarado relativamente blando. Con la Rieju no recuerdo hacer tantos topes y eso que su horquilla no creo que fuera mucho mejor, pero posiblemente sí de algo mayor recorrido. En fin, algo que me ha decepcionado un poco de esta moto, en su primera prueba rural algo "dura".

Por lo demás, el día se ha mostrado inmejorable, totalmente soleado y con una temperatura agradable de alrededor de los 22º, junto con algo de viento, que impedían que la sensación de calor con la ropa de moto fuera mayor. Las vistas desde lo alto del monte Tabayá son preciosas, con un gran campo de visión hacia el cauce del río Vinalopó y los montes y sierras que rodean la fortaleza. Una subperipecia rural más con la Typhoon, aunque tengo que investigar más el mejorarla para recorridos rurales algo "salvajes", ejem...


La Typhoon enfrente del Castillo del Río, justo
después de subir la cuesta pedregosa.


Siete meses y doce días antes había subido al Castillo
del Río por primera vez, con la Rieju Bye Bike. En
esa ocasión no hice subperipecia rural de esa ruta.


Primer plano de lo que queda de la fortaleza, con
cuatro de sus torreones en la cara más vistosa.


Torreón de la cara norte, la más visible desde la
carretera Monforte - Aspe.

Interior de uno de los torreones mejor conservados,
por decir algo. Tiene un ventanuco triangular...


... Este ventanuco, desde el que se ve la llanura de
acceso, y la Typhoon aparcada en ella.


En la cima, mirando hacia el sur, lo que sería el
 interior del recinto amurallado resulta casi irreconocible.


Uno de los torreones de la cara sur, casi derruido,
junto con el río Vinalopó, casi oculto por la
vegetación. Se cuela por el desfiladero del fondo.


En la cima del monte Tabayá, donde se encuentra
la fortaleza, se encuentra este vértice geodésico.


En la cima, mirando hacia el norte, resulta algo
más reconocible la estructura de lo que debió ser
el interior del Castillo del Río.


El torreón del ventanuco triangular visto desde la
cara de acceso, uno de los mejor conservados.


Cercana a la fortaleza almorávide se encuentra esta
estructura moderna, de la que desconozco su función.


Otro de los torreones mejor conservados visto desde
la ladera de ascenso, el que está al lado de la canaleta.












lunes, 25 de marzo de 2019

Sucedió en la Peña Roja 2.0

Domingo, 24 de marzo de 2019. "Sucedió en la Peña Roja 2.0", una nueva subperipecia rural en la que me he acercado nuevamente a la Peña Roja con la Typhoon 125, una característica elevación, de la zona norte murciana, en forma de pendiente ascendente este-oeste terminada en un abrupto precipicio que se eleva a los 331 ms.n.m. Muchas veces ignorada por mi, a pesar de verla en innumerables ocasiones en las que he pasado por sus cercanías. Tras un primer reconocimiento en el pasado mes de enero, he decidido visitarla de nuevo para verla con más profundidad y percibir detalles que, en la pasada, no tuve ocasión. Y seguro que todavía me he dejado muchos más.

Cada vez que hago un descubrimiento de este tipo, me abruma la cantidad de cosas que hay que ver, y que nos quedan pendientes, sin necesidad de viajar a donde cristo perdió el gorro. Al menos para quienes nos gustan, y apuesto a que a vosotros también, los accidentes geográficos, los parajes naturales, las montañas, las cárcavas, los barrancos y cualquier otro elemento natural de nuestro entorno. Todos los días sale el sol, también todos los días se pone, pero me sigue maravillando cada amanecer y cada ocaso. De las montañas podría decirse lo mismo: no dejan de ser un montón de tierra mezcladas con piedras, pero esa es una percepción muy limitada del entorno. Aunque es cierto que con la habitualidad, todo suele cansar, racionando estos descubrimientos y espaciando las salidas siempre llegan a sorprender...

En esta ocasión he ascendido hasta casi el punto más alto partiendo de la pendiente más suave desde el oeste, a diferencia de la anterior, en la que subí por la parte más abrupta casi al final de la montaña. Me costó bastante el ascenso, y apenas pude echar un vistazo desde su cima dado el tiempo empleado en la subida. Hoy, he podido recrearme más en los detalles, ya que a pesar de que la ruta a pie ha sido más larga, era más fácil de recorrer. Seguro que todavía me quedan detalles por ver, que serán una excelente excusa para volver...


La Typhoon al borde del cartel indicador de la Peña
Roja, y principio del ascenso a su cima.


Por el punto donde ascendí, esto es lo que tenía
por delante: 331 m.s.n.m.


Una de las características oquedades de la cara
norte de la montaña.


La variedad y forma de las cuevas es aleatoria. El
viento y el agua hicieron bien su trabajo.


El cartel informativo del accidente natural junto al
que paré. Al principio estaba fijo, al volver, el viento
lo movía como si fuese una hoja más.











miércoles, 20 de marzo de 2019

La vida sigue - reflexiones moteras

Martes, 19 de marzo de 2019. Tras los últimos acontecimientos personales vividos, me han surgido profundas reflexiones. He estado buscando información desde ideas tales como el origen de la vida, y si hay algo más allá de la muerte, pasando por el absurdo de nacer, aparentemente de la nada, para luego morir pasados unos años, y acabar nuevamente en la nada.

Parece ser que, según las últimas teorías, la muerte solo existe para los ojos de quien la ve. Evidentemente, los fallecidos no son conscientes de ella, o al menos, nadie ha vuelto para contarlo. El problema es diferenciar la muerte física del cuerpo, de la conciencia, del yo interior. Si entendemos la conciencia como una forma de energía, la pérdida del cuerpo no supondría más que una transformación de la misma, eso sí, en cualquier otra forma de vida. El dilema, es que no tenemos recuerdos de otra conciencia anterior, posiblemente porque la forma de vida tampoco la tendría. Es algo complejo de explicar, y más todavía, de entender, pero tiene cierta lógica. Lo que no tendría sentido es estar creando materia continuamente, para que muera, y vuelva a nacer de la nada, cuando en la naturaleza se aprovecha, y de autorecicla absolutamente todo.

De todas formas, volviendo al mundo terrenal, que es del que somos conscientes, lo que está claro, y más conforme pasan los años, es que el tiempo pasa y no vuelve, que cada día es único e irrepetible, que tenemos que aprovechar el momento, y no dejar para el futuro planes que pueden realizarse.

Centrándome en el mundo de las motos, también han pasado por mi cabeza multitud de ideas, desde abandonar el mundo motero, hasta centrarme en los scooter, cambiando la CRF por otro scooter, u otras ideas similares. Ciertamente, las motos han supuesto para mi una liberación, una especie de prolongación de mis extremidades que me permitían llegar hasta esos ambientes que tanto me atraen, que tanto me llenan, y que tanto me reconfortan. La moto es como ese complemento perfecto para el viajero que, además de trasladarse, disfruta con el trayecto, con cada ruta y sintiendo cada kilómetro.

Hace poco que he superado con la CRF sus primeros 10.000 kilómetros y no puedo estar más satisfecho. La moto va mejor conforme va sumando kilometraje, no ha tenido el menor percance, y me transmite una sensación de confianza y fiabilidad total. No veo motivo para su cambio más que el mero capricho, y es una máquina en la que la palabra que mejor la describe es polivalencia. Un excelente desempeño en carreteras de todo tipo y un excepcional comportamiento fuera de ellas.

El contrapunto a la CRF es la Typhoon, un complemento ideal cuando lo que me apetece es pasear, sin más, por entornos más casuales, más rebuscados, más cercanos, pero no menos valorados por mi. Una perfecta sustituta de mi anterior Rieju Bye Bike, el ciclomotor que tanto me recordaba a las Variant de antaño.

Desde hace poco, también he vuelto al mundo del ciclismo, esta vez de la mano de una bicicleta híbrida, o de trekking, "pulmonar", con una geometría y ergonomía más descansada que las mountain bike típicas, además de más ligera, sencilla y ágil. Me gusta seguir manteniendo mis viejas aficiones aunque sea de una manera más pausada.

Me resisto a perder las viejas costumbres. Una vez
vendida la e-mtb, vuelta al ciclismo con una bicicleta
"pulmonar" híbrida, o de trekking.


Lo que ya me va costando más es adentrarme en solitario en entornos como pistas forestales o caminos de gran envergadura. Voy asumiendo que el riesgo es cada vez mayor y ese tipo de recorridos prefiero hacerlos ya andando, o como mucho, en bicicleta. No quiere esto decir que ya no los vuelva a hacer, ya que no quiero cerrarme puertas, pero es algo que estoy valorando.

A partir de aquí, solo cabe seguir disfrutando de las motos, de la naturaleza, de la vida, y de esa consciencia de que estamos aquí de paso, con fecha de caducidad, lo que ciertamente, me hace querer vivir con mayor intensidad. Así pues, disfrutemos hoy de lo que tenemos, sin esperar a que algo cambie, o mejore para ello. En definitiva, como dice el proverbio: no hay que tomarse tan en serio la vida, al fin y al cabo, no vamos a salir vivos de ella.

Saludos pilotos!!!








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