sábado, 21 de julio de 2018

Sucedió en las trincheras de Agua Amarga

Sábado, 21 de julio de 2018. "Sucedió en las trincheras de Agua Amarga". En esta nueva subperipecia rural, me he dirigido con la Bye Bike al barranco de Agua Amarga, un espacio natural en el que abunda la vegetación lacustre. Debe su nombre a que existen unos nacimientos de agua salada en sus inmediaciones que vierten sus aguas en ese barranco y le dan nombre. No es que tenga nada de especial, pero es un paraje que llevaba tiempo queriendo ver. Es de esos sitios que ves una y otra vez cuando pasas cerca, pero que nunca te decides a explorar porque consideras que las cosas lejanas son más atractivas y más importantes.

Una vez explorado el entorno en un día de húmedo calor, como no podía ser de otra manera un 21 de julio, me paré a descansar y a grabar el vídeo de presentación en una inmensa pared de empedrado con malla de alambre. El grado de calor que paso en la pequeña Rieju con el equipamiento de verano de moto es impresionante. La ropa y casco está concebida para tener una cierta ventilación a unas velocidades bastante más elevadas a las que me muevo en la Bye Bike, en la que sería más indicado moverme con equipamiento casi de bicicleta. Esto me hace plantearme rodar en verano con ropa que no es muy aconsejable, pero que evite un posible golpe de calor.

Una vez algo recuperado del calor, me dirigí hacia las ruinas de las trincheras de la Guerra Civil Española en El Clot. Se trata de un complejo entramado de trincheras y túneles realizados en hormigón, bastante ocultos a la vista ya que Natura se ha encargado de ocultar su rastro y derruirla en ciertos puntos. Todavía impresiona, 70 años después, el esfuerzo y el trabajo que supondría realizar tal construcción con fines defensivos en una guerra entre españoles, por ideologías.

Destacar que en la zona no solo existen estos vestigios de guerra en forma de trincheras, también hay multitud de búnkeres dentro del propio parque Natural de El Clot, aunque cerrados a la visita la mayoría. También existe otro complejo entramado de construcciones de defensa antiaérea y naval que visité en 2016 con la Keeway TX125S.

Una ruta con un poco de historia en la que he disfrutado con la Bye Bike sus más de 50 km. Ya ha superado la barrera de los 700 km recorridos y el final del rodaje está cada vez más cerca. Empieza a competir con la BH Emotion Rebel en cuanto a polvo acumulado en su carrocería.


Parte final de la desembocadura del barranco de
Agua Amarga.


Hacia el otro lado se ve la proximidad del mar.



Este es el aspecto del barranco en el tramo final,
justo antes de su salida al mar.


En un tramo más alejado del agua también se aprecia
una cantidad abundante de vegetación.


La Bye Bike acaba de superar los 700 km.


Justo aquí paré a descansar del calor y a grabar el
vídeo de presentación.


La Bye Bike parada frente a la colina donde se
encuentra la mayor línea de trincheras.


Comienzo de la línea de trincheras norte.


Este sería el tramo medio de la anterior línea de
trincheras.


Esta es la línea de trincheras sur, bastante mayor
que la anterior. Cuenta además con varios túneles.


Está mejor conservada y cuenta con mayor profundidad.


Esta sería la entrada a... ¿un búnker? o no se sabe qué.
No me atreví a entrar.












Honda SH 300i

Sábado, 21 de julio de 2017. Nunca pensé que me llegaría a interesar por los scooter, pero lo cierto es que tras probar durante ya unos cientos de km la Rieju Bye Bike, resulta que me encanta el cambio automático por variador. Esa sencillez y efectividad a la hora de mantener el régimen del motor, la ausencia de maneta de embrague, de pedal de cambio, del constante procesamiento mental sobre la marcha que tienes que llevar, de reducir, o subir de velocidad, de encontrar el punto muerto, de ruidos, de durezas, de golpes... que empiezo a vislumbrar que a la CRF250L no le queda mucho tiempo de estar conmigo... Quizá sea que me estoy volviendo mayor, o cómodo, pero todo son etapas y tienes que pasar unas para llegar a las siguientes.

Es cierto que el cambio por variador y embrague centrífugo también tiene sus defectos, cómo no, especialmente la pérdida de potencia en la fricción de los componentes, y ya como algo personal, el perder ese "feeling" que supone el decidir por uno mismo cuándo cambiar de marcha. Aún así, si se trata de agrado y suavidad de conducción, creo que un cambio por variador no tiene rival en cuanto a agrado de manejo. Por otro lado está el tema de que en una moto tradicional tienes todos los miembros ocupados, dos de ellos, brazo y pierna izquierdos, solo para el cambio, por no hablar del pie derecho para el pedal de freno. En un scooter automático puedes llegar a manejarlo únicamente con el brazo derecho. Quizá, solo quizá, un muy buen y preciso cambio mecánico lo pudiera igualar en placer de conducción, pero no he tenido ocasión de experimentar algo tan bueno.

El caso es que me ronda la idea de en un futuro cercano, cambiar la CRF250L por un scooter. Es verdad que no tiene la imagen aventurera de la trail nipona, que no es tan capaz de andar por terrenos en mal estado con esa eficacia, pero si echamos cuentas, los km realizados por vías no pavimentadas o en mal estado son escasos. De esto me estoy dando cuenta con más profundidad ahora, desde que tengo la Bye Bike, donde se da la paradoja de que me muevo más por tierra, con esta, que con la propia CRF250L con la que -mayoritariamente- solo la uso en asfalto. También es cierto que aún en ese ambiente es una moto sumamente manejable y agradecida, y tiene un comportamiento intachable, pero la combinación de cambio mecánico y excesiva altura de asiento sobra y... ese cambio automático... una vez que lo saboreo, lo quiero, hasta el punto de querer desterrar todos los cambios manuales, tanto en motos, como en un futuro, también en latas.

Y volviendo al mundo de los scooter, no se me ocurre mejor opción que el ligero y manejable scooter de rueda alta de 300 cc de Honda, el SH300i. Si tiene que ser scooter, en mi criterio, debe ser de rueda alta. Al menos, si tengo que meterme por pistas o vías no pavimentadas en no muy buen estado, siempre será más efectivo que uno de rueda pequeña. Además, también en asfalto debería tener un comportamiento y aplomo más de "moto". Por otro lado, la cilindrada de 300 me parece un perfecto compromiso entre prestaciones y ligereza. Suficientemente potente para moverse en carretera con dignidad, pero con un peso todavía contenido que la hace manejable, alrededor de 170 Kg en orden de marcha.

Hmmmm.... No lo barajo como algo inmediato, puesto que tengo que madurar la idea, pero... cuando algo se te mete en la cabeza...


Honda SH 300i 2018.


Cuadro de mandos de la SH 300i.


Walkaround de la SH 300i por MotorCycleTube.









sábado, 14 de julio de 2018

Sucedió bajo dos puentes

Sábado, 14 de julio de 2018. "Sucedió bajo dos puentes". En realidad no ha sido bajo los dos puentes sino más bien habría que decir "al lado o cerca de los puentes". Una nueva subperipecia rural a bordo de la Bye Bike. En esta ocasión, y una vez examinados los posibles itinerarios cercanos al embalse de Elche, descubrí un paraje que se denomina "la Ruta del Agua de Aspe". Consiste en una pista de tierra y grava en bastante buen estado, aunque con la lógica precaución que estos elementos suponen para cualquier vehículo de dos ruedas, que conduce hacia dos barrancos en los que se encuentran los acueductos de los cuatro y de los cinco ojos, más conocidos como el puente de los cuatro ojos y su hermano, de cinco. Se trata de dos conducciones de agua que se dirigen a la cercana población de Elche construidos a finales del siglo XVIII para salvar los barrancos de la zona. Previamente, hice una pequeña parada para observar y fotografiar el Castillo del Río, una antigua fortaleza almorávide que data del siglo XII.

Este paraje ha sido reacondicionado para su visita con carteles informativos, numeración y señalización de senderos, miradores y un vallado de madera que pega muy bien con el entorno. Los más de 5 kilómetros de pista de tierra que tuve que recorrer con la Rieju para llegar hasta allí se me hicieron muy entretenidos. En algún cruce de caminos tuve alguna duda por la propia orografía del terreno y porque el GPS es bastante limitado a la hora de marcar la ruta a seguir. Especial precaución tuve con el tramo que salva el túnel sobre las vías del AVE. A pesar de estar cementado, tiene una fuerte pendiente que para la Bye Bike supuso un esfuerzo que no había hecho hasta ahora, y luego estaba el descenso, bastante pronunciado y que acababa en un tramo de tierra completamente cubierto de grava, es decir, todo lo que desea un motero cuando va con un ciclomotor con ruedas de asfalto.

La zona es de una riqueza paisajística espectacular. A los barrancos en los que se encuentran los dos puentes mencionados, hay que añadir el mirador de la cola del pantano de Elche. Desde aquí se tienen unas vistas preciosistas de gran parte de la misma, aunque en realidad solo se aprecia la vegetación acuática que tapa todo el curso del río Vinalopó y las aguas del propio embalse.

En definitiva, una subperipecia que rivaliza con la del pantano de Elche en cuanto a ser de las mejores que he hecho hasta ahora con la Bye Bike que, por otra parte, se portó magníficamante. Me llevó por caminos y pistas con grava suelta, tierra, roderas y pendientes bastante fuertes sin la más mínima queja como una auténtica trail adventure. A pesar de superar escasamente los 600 km de kilometraje total, en ningún momento mostró signos de fatiga y no tuve necesidad de dar más allá de la mitad o 3/4 de gas en todo el recorrido, más o menos unos 80 km. Una recarga mental y espiritual y una conjunción cada vez mayor entre el binomio hombre y máquina.


Primera parada en ruta, la Font del Llop golf Resort,
un campo de golf que supone un osasis entre la aridez.


El castillo del río, una antigua fortaleza almorávide
del siglo XII situada al norte del pantano de Elche.


En la ida me pasé el puente de los cinco ojos. Aquí
lo vi por primera vez, con el puente del AVE detrás.


Otra perspectiva del puente de los cinco ojos, con el
quinto oculto por la vegetación.


Panel informativo con la descripción del entorno
de la Ruta del Agua de Aspe.


Mirador del pantano hacia el sur. Un marjal de
vegetación que oculta la humedad.


Hacia el norte se tiene una vista similar. Destaca
el camino con un túnel-cueva en el otro borde.


Este túnel-cueva. Hmmm... agujero que veo,
agujero que quiero, ejem...


El hermano del anterior. El puente de los cuatro
ojos. Llegué con la Bye Bike casi al lado.


Tal que así. Merece tener su propia imagen por lo
bien que se portó durante todo el trayecto.


En el camino de vuelta ya sí descubrí el acceso al
puente de los cinco ojos. Esta parece ser una caseta
registro de la conducción de agua.


Y este un privilegiado primer plano del puente de
los cinco ojos, como si uno se dispusiese a cruzar.







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