miércoles, 27 de julio de 2016

La Fábula de la cabra y el lobo

Miércoles, 27 de julio de 2016. Actualmente estoy leyendo "El Águila y la Lambda", novela histórica basada en hechos reales durante la Primera Guerra Púnica, hacia el 255 a.c. El autor, Pedro Santamaría, completamente desconocido para mí y que me está sorprendiendo para bien. Muy recomendable. Tiene otras tres novelas situadas en la Hispania romana: "Okela", "Peña Amaya" y "Las campañas de Sertorio en Hispania".

Aunque no tenga nada que ver con las motos, ni con los motoristas, voy a resumir un fragmento del libro que me ha llamado la atención por la moraleja que desprende. Se trata de la "fábula de la cabra y el lobo", Una historia que le cuenta su madre al general mercenario espartano Jantipo, al servicio de Cartago durante la guerra.

"... Érase una cabra que un día decidió abandonar la seguridad de la granja para ir al monte. Los demás animales le advirtieron de que un lobo hambriento rondaba las inmediaciones y de que muchas cabras habían salido y no habían vuelto. Pero la cabra prefirió ser libre un día entero a vivir atada a una estaca el resto de sus días.

Salió de la granja cuando el sol despuntaba, comió hierba fresca, retozó en el barro y subió a lo más alto del monte. Desde allí contempló la granja y se preguntó cómo podía haber vivido en aquel diminuto espacio. Embelesada, observó el magnífico paisaje que se extendía a sus pies, respiró el aire fresco de la montaña y corrió arriba y abajo por los cerros, libre y feliz. Cuando comenzaba a anochecer, buscó un lugar para dormir y entonces oyó aullar al lobo. Luego le vió. Huyó despavorida, pero el lobo era muy veloz. Además, llegó un momento en el que se vio atrapada y cansada entre los infranqueables y escarpados muros de la montaña. El lobo, babeante, rabioso de hambre, se detuvo en su carrera dispuesto a saltar sobre ella para devorarla, pero la cabra se había prometido a sí misma al menos un día de libertad y, bajo la luz de la luna llena, juró luchar hasta el amanecer. Embistió a su depredador varias veces y este a su vez le dio poderosas dentelladas para menguar su fuerza. La cabra luchó durante horas, aunque ya conocía su destino. Cuando el sol comenzaba a despuntar de nuevo, la cabra se tumbó en el suelo para ser devorada. Podía haber aguantado más, o quizá no, pero había cumplido consigo misma. Ese es el precio de la libertad..."


El águila, símbolo de las legiones de Roma.
La lambda, de los guerreros espartanos.








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